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Cada año, millones de atletas de Estados Unidos experimentan de una concusión cerebral. Siendo éstos cada vez más rápidos, fuertes y grandes, se ha sugerido que las nuevas teconologías propocionarán una oportunidad para reducir el riesgo y la gravedad de estas frecuentes lesiones.

 

Aunque los cascos han demostrado la capacidad de disminuir la prevalencia de lesiones en la cabeza, y los protectores bucales el riesgo de lesiones dentales y orales, la protección se ve limitada en el caso de las conmociones cerebrales.
Actualmente, los fabricantes de cascos han empezado a diseñar cascos específicamente dedicados para proteger contra las concusiones. Éstos presentan una modalidad en donde se crea una turbulencia de aire dentro de los amortiguadores especializados para permitir una respuesta más adecuada a los diferentes niveles de impacto.
En general, los cascos cumplen mejor su trabajo cuando son usados de manera apropiada. esto significa que los cascos deben ser a la medida adecuada y atar las correas correctamente para favorecer el mejor posicionamiento. El problema recae cuando los cascos son viejos, más grandes o pequeños de lo necesario y usados inadecuadamente.
Muchas veces, por quererse ahorrar un poco de dinero, adquirimos un casco más económico que suele ser no tan favorable al momento de prevenir el impacto de los golpes. 
Aunque no está comprobado que los cascos de fútbol americano, por más novedosos que sean, ayudan a reducir la probabilidad de presentar una concusión, sin duda, su uso es elemental para prevenir otros daños como una fractura de cráneo.

 

Es de suma importancia convocar a los jugadores a elegir el casco correcto e informarlos sobre las consecuencias de no hacerlo.  Comparte esta información a tus amigos para crear conciencia sobre la magnitud del tema.

 

Fuente: NCBI